Avalancha

He oído un estampido lejano, una distante explosión. Normalmente no me procuparía, pero en estas montañas, cargadas de nieve, esos ecos que transporta el viento sólo pueden significar una cosa: peligro. Miro inquieto a mi alrededor. Detrás de mí, una bandada de pájaros remonta el vuelo. Más allá una pareja de liebres huye despavorida.

Entonces lo veo. La montaña entera se está desmoronando. La superficie de la nieve se agrieta y se cuartea. Miles de metros cúbicos de nieve, millones de toneladas acumuladas durante el invierno se desprenden, se deslizan con un formidable estruendo, caen a una velocidad pasmosa dirigiéndose hacia el valle. Hacia mí.

Alud, también llamado avalancha.

No importa cuanto corra. No puedo huir. Estoy atrapado. Se avecina el desastre y lo único que puedo hacer es esperar, impotente, esperando que sea lo que sea lo que finalmente suceda, el daño sea el mínimo posible.

Así es exactamente como me siento.

Hoy me han notificado que van a cambiarme de sección dentro del departamento. Tengo que sustituir a un compañero que se marcha. Así que en menos de dos semanas tengo que aprender a hacer una serie de tareas que desconozco, con una aplicación que jamás he tocado, generando unos informes que nunca antes he visto desde un motor de bases de datos con el que no tengo experiencia, y encima en un puesto que resulta que es crítico para las funciones del departamento. Todo ello mientras enseño al compañero que va a sustituirme a mí.

En una palabra: ¡Socorro!

-- Wayfarer

Escrito el viernes 29 de abril de 2005 a las 17:54 por Wayfarer
Semana anterior |  Indice de Archivos |  Semana siguiente |  Permalink |  Inicio de página