¿Qué hacemos con los correos?
Dice Enrique Dans que, en función del uso que hacemos del correo electrónico, podemos ser de varios tipos:
- El "auditor": Todo aquello
que le envían debe ser guardado y clasificado con mimo... nunca se sabe
cuando va a venir Peláez a decirle que él le pidió nosequé con fecha
nosecuantos, o cuando se caerá el servidor corporativo y habrá que
reconstruir la memoria colectiva a partir tan sólo de sus archivos,
convirtiéndole así en héroe nacional... Su bandeja de entrada aparece
limpia y ordenada, tan sólo permanecen en ella los correos sin
procesar, que requieren acción por su parte o esperan contestación.
Como un ordenadísimo Ministerio. Todo lo demás, pasa a ser
cuidadosamente clasificado en carpetas. Periódicamente, como sabe que
los archivos .pst del Outlook tienden a inestabilizarse cuando superan
un tamaño determinado, los archiva cuidadosamente, los pasa a un CD, y
vuelve a empezar sólo con los últimos tres meses... En realidad, jamás
ha tenido la necesidad de consultar uno de esos correos que se
almacenan en los CDROMs de su estantería, pero todas las tardes, al
quitarse los manguitos, se siente fenomenal sabiendo que están ahí...
- El del "Síndrome de Diógenes":
como esos durísimos casos que aparecen de vez en cuando en las
noticias... "hallado muerto en su domicilio un anciano entre toneladas
de basura". Lo guarda todo, pero todo, todo, todo. Desde el primer
correo que le envió su novia, ahora madre de sus hijos, hasta los
mensajes basura que le persiguen todos los días ofreciéndole
alargamientos descomunales de determinadas partes de su anatomía. Algún
problema en su cerebro le impide discernir lo que es verdaderamente
importante de lo que no lo es, pero quien sabe, a lo mejor algún día
puede ser útil para algo... Su bandeja de entrada almacena miles de
correos, sin clasificar, pero sabe o cree que están allí, al menos los
que ha recibido desde la última vez que se cayó el ordenador o se
cambió de trabajo...
- La "memoria selectiva":
se trata de una variante atenuada del síndrome de Diógenes o del
auditor. Probablemente empezó igual, pero en algún momento, su
ordenador explotó y le dejó amnésico, sin memoria histórica. Vagó
desorientado durante algunos días, pidió a todos sus conocidos que le
reenviasen sus correos, y al comprobar la futilidad de su intento de
reconstrucción memorística, empezó a hacerse selectivo. Ahora guarda
sólo las cosas que son importantes, pero no tiene ni idea de que
ocurrirá si algún día su archivo vuelve a explotar. Vagará otra vez
desorientado durante algunos días, y poco más.
- El "sentimental": guarda sólo lo que tiene "de verdad importancia", el correo con su evaluación del desempeño, el e-mail de una ex-novia que le encontró en Google, la carta de aceptación de su artículo, el correo de despedida a toda la organización de aquel tío tan majo que trabajaba en el despacho de al lado... nunca los ha vuelto a consultar, pero ahí los tiene, en una carpetita que cuelga de su bandeja de entrada, como fotos amarillas en un álbum...
- La "entropía total": no sabe
lo que tiene, ni donde lo tiene. De vez en cuando agrupa su enorme
bandeja de entrada, en la que se acumulan spam, newsletters de todo
tipo, correos de amigos y temas profesionales de todo tipo, y realiza
operaciones que pueden calificarse en algún lugar entre la "pira
purificadora" y la "limpieza étnica". Tienen diferentes cuentas que se forwardean correo entre sí, e intuye que en algún lugar siempre puede encontrarse
aquel correo, pero la última vez que lo intentó pasó tanto tiempo
intentando encontrarlo, que se le olvidó lo que estaba buscando...
- El "vivalavirgen":
¿Para qué vamos a guardar nada, si la vida es un sinvivir? Total, las
cosas se clasifican entre las que no son importantes, y por tanto
hicimos bien en borrar, y las que sí lo son, y por tanto ya nos
volverán a enviar... De vez en cuando nos abroncan por eso de "¿qué
pasó con aquel correo pidiéndote nosequé que te envié el día tantos del
tantos... ", pero total, siempre se le puede echar la culpa a la
tecnología... En su bandeja de entrada, sólo unos pocos mensajes
recientes. Después nada. Nada anterior a quince días. Nada en los
elementos enviados. Vive en el éter, pero vive bien, despreocupado,
feliz... Se ríe con el chiste que le envían, tal vez lo reenvía a
algunos amigos, pero después nada, ni copia de lo que recibió, ni de lo
que envió. De vez en cuando alguien le retira el saludo, pero él nunca
llega a enterarse ni entiende porqué será que ese tío que le suena
tanto le mira tan mal...
Yo me considero bastante del tipo auditor, con un poco de Diógenes y algo de entropía total. Mi mujer por el contrario, pertenece claramente al tipo vivalavirgen, con muestras ocasionales de sentimental. En fin, cosas de la red.
-- Wayfarer
