Separar para reciclar
Iba yo esta mañana por la estación de Atocha de camino al trabajo comiéndome una deliciosa madalena (no una magdalena Wrobel, que conste) cuando, al buscar una papelera en la que deshacerme del papelito del molde, me he encontrado con una de esas modernas de tres bocas. Estas papeleras, que están pensadas para separar los residuos con vistas a su reciclaje, tienen una boca marcada en verde para los residuos orgánicos, otra marcada en amarillo para plásticos y envases y otra marcada en azul para el papel. Y aquí es donde me he enfrentado a la cuestión existencial del día.
¿En cuál de las tres bocas arrojo el papel del molde de la madalena?
La pregunta no es baladí, ya que de la correcta separación de residuos depende en parte el futuro del planeta. Pero es que el papel del molde de la madalena no encaja exactamente en ninguna de las tres categorías.
Por una parte podría echarlo en la boca amarilla, puesto que es un envoltorio. Pero no es de plástico, sino de papel, así que entonces debería echarlo en la boca azul. Sin embargo tiene adheridos restos de la madalena, material orgánico al fin y al cabo, así que debería arrojarlo por la boca verde. Pero claro, no deja de ser un envoltorio...
A estas horas no recuerdo al final en cual lo he echado. En cualquier cosa el asunto carece de importancia: tras echarlo me he dado cuenta de que las tres bocas acaban en una única bolsa que contiene esa mezcolanza de residuos orgánicos, envases y papel que comúnmente denominamos basura.
Si hay que separar, se separa. Pero separar pa ná...
-- Wayfarer
