Centenario de la electrónica... o casi.
Tal día como hoy, 16 de Noviembre de 1904, Sir John Ambrose Fleming solicitaba la patente de lo que él denominó oscillation valve (válvula de oscilación) y que más tarde sería ampliamente conocido como válvula termoiónica o tubo de vacío. Dicho dispositivo basaba su funcionamiento en el efecto termoiónico o Efecto Edison-Richardson, que el inventor norteamericano Thomas Alva Edison había descubierto unos años antes, en 1883.
Hasta la invención de la válvula termoiónica, los componentes electrónicos conocidos se limitaban a baterías, resistencias, bobinas, condensadores y poco más, de modo que la válvula termoiónica -el primer diodo de la historia- abrió el camino para toda una nueva familia de componentes electrónicos.
Durante muchos años la válvula termoiónica fue un componente fundamental en el funcionamiento de aparatos electrónicos de toda clase, desde radios y televisores hasta el primer ordenador totalmente electrónico, el ENIAC. Desplazada actualmente casi por completo por el transistor y el microchip, aún podemos encontrar válvulas termoiónicas en aplicaciones concretas, como determinados amplificadores y equipos de sonido profesional, hornos microondas y, por supuesto, en los aparatos de televisión y monitores CRT, ya que el tubo de imagen no es sino una forma evolucionada de la válvula termoiónica original.
No es exagerado decir que la electrónica tal y como la conocemos hoy en día debe mucho a la invención de la válvula termoiónica. De modo que hoy se cumplen cien años no sólo de la invención de dicha válvula... sino, prácticamente, del nacimiento de la electrónica moderna.
-- Wayfarer
